Un comentario a vuelapluma del último informe de la Organización Internacional del Trabajo

"En términos generales, se presenta un discreto balance en cuanto a empleo y salarios".

El último informe de la Organización Internacional del Trabajo, World Employment Social Outlook. Trends 2019,ofrece, como ya es habitual en esta organización, abundante información sobre las condiciones laborales de los trabajadores. Muy dispares, dependiendo de los países y las regiones consideradas, pero, en términos generales, se presenta un discreto balance en cuanto a empleo y salarios. 

La creación de puestos de trabajo es manifiestamente insuficiente para absorber el desempleo real de la economía, muy superior al reflejado por las estadísticas oficiales. Por lo demás, buena parte de esos nuevos puestos de trabajo son de muy mala calidad. Los bajos salarios, asociados a la precarización de las relaciones laborales y a la economía informal, se generalizan. Y todo ello en un contexto de recuperación del crecimiento económico.

Muy necesaria, en consecuencia, su lectura. Con todo, hecho en falta en este informe y en otros trabajos de la OIT una reflexión, creo que fundamental, sobre la precariedad y el deterioro de las condiciones laborales de los empleos generados en el sector moderno y más competitivo de la economía; en esas empresas que a menudo son presentadas como los pilares de un nuevo modelo productivo y de una nueva renovada estrategia competitiva, y que están liderando una verdadera ofensiva, muy poco conocida, contra los derechos de los trabajadores. 

Tampoco he encontrado una referencia explícita a la brecha salarial, que no ha dejado de aumentar en los últimos años, entre los ejecutivos de las grandes corporaciones y la mayor parte de los trabajadores. Esta brecha constituye uno de los factores determinantes del avance de la desigualdad, tan importante como las diferencias entre las rentas del capital y del trabajo.

Aunque es muy interesante y útil la reflexión relativa a la escasa información que ofrecen los datos oficiales sobre el desempleo, es imprescindible y urgente ir mucho más allá. Hay que reconocer de una vez por todas que los indicadores utilizados para medir la dinámica laboral, como la productividad laboral, son un espejismo que confunden más que orientan. No tienen en cuenta el coste real de los procesos productivos, ni las externalidades negativas que generan. Y tampoco reparan en el reforzamiento de la explotación, que es el pan nuestro de cada día en las empresas (aumento de las horas extraordinarias pagadas y no pagadas e intensificación de los ritmos).

Pese a todo, los informes de la OIT son de lectura imprescindible.

Fernando Luengo
Economista y miembro del círculo de Chamberí de Podemos

Fernando Luengo

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