COP24: La Cumbre del Clima cierra sobre la bocina una normativa básica para el Acuerdo de París

Momento después de adoptarse el acuerdo final durante la sesión de clausura de la COP24. REUTERS / Kacper Pempel

Al contrario que anteriores rondas de negociación de la ONU, dominadas por pesos pesados (sobre todo Estados Unidos y China), en esta se alcanzó un delicado equilibrio entre las preocupaciones de todos los países.

En un momento de profunda división global, los gobiernos del mundo acordaron este sábado una normativa climática, inmediatamente considerada como victoria para el multilateralismo.

Las normas acordadas definirán durante décadas las responsabilidades de las naciones en la lucha contra el cambio climático, así como en el informe de sus progresos y el aumento de su ambición, echando a andar el Acuerdo de París de 2015.

Al contrario que anteriores rondas de negociación de la ONU, dominadas por pesos pesados (sobre todo Estados Unidos y China), en esta se alcanzó un delicado equilibrio entre las preocupaciones de los países más pequeños, pobres y vulnerables, las naciones desarrolladas con mayor responsabilidad por el calentamiento global y las economías emergentes, temerosas de que se les endose mayores responsabilidades.

“Este éxito también es un éxito para el orden global de legalidad, en este momento en el que el multilateralismo se encuentra con una gran oposición. El cambio climático tiene un impacto global, por lo que requiere una respuesta global”, afirmó Miguel Arias Cañete, comisario de Acción por el Clima y Energía, en declaraciones a Climate Home News.

“Katowice ha mostrado una vez más la resiliencia del Acuerdo de París, nuestra sólida hoja de ruta para la acción climática”, afirmó el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, en un comunicado leído en el plenario en el que se adoptó el acuerdo. “En adelante, mis cinco prioridades serán ambición, ambición, ambición, ambición y ambición”.

Fuentes con gran experiencia en la negociación declararon a Climate Home News que esperaban que los resultados de esta cumbre fueran mucho más débiles: tan solo unas decenas de páginas de normas, con la resolución de muchas cuestiones dejada para más tarde.

Laurence Tubiana, exdiplomática francesa que contribuyó a la creación del Acuerdo de París, dijo que las 133 páginas de normas completadas y acordadas por todos los países son algo “realmente sorprendente”. “Este proceso, este acuerdo, es hoy probablemente más completo, ambicioso e interesante que ningún otro [acuerdo global]”, afirmó Tubiana.

“Este es un logro muy importante, que muestra una enorme voluntad de la comunidad internacional, aún en un contexto en el que hay líderes que se oponen al multilateralismo”, afirmó Teresa Ribera, ministra española de Transición Ecológica y Energía.

Las semanas previas a la conferencia estuvieron dominadas por una gran preocupación pública, después de que un informe científico de la ONU estableciera que incluso un calentamiento de medio grado centígrado por encima de la temperatura actual causaría daños generalizados y un gran sufrimiento humano. Durante la primera semana del encuentro se vivió una encarnizada lucha sobre el lenguaje a usar en la adopción de ese informe. Finalmente, se acogió con satisfacción su “finalización puntual”, pero no sus conclusiones. Estados Unidos, Arabia Saudí, Kuwait y Rusia resistieron que se aclamara por completo la ciencia.

Los equipos diplomáticos creen que la normativa es una herramienta lo suficientemente fuerte como para prevenir los peores impactos, si se la combina con liderazgo político.

Ese liderazgo es lo que falta, afirmó Amjad Abdulla, presidente de la Alianza de de Pequeños Estados Insulares (Aosis), añadiendo que el grupo no estaba “totalmente satisfecho”, pero que el acuerdo era algo “con lo que podían trabajar”.

“No estamos escribiendo la Biblia”, dijo Gebru Jember Endalew, presidente del grupo de países menos desarrollados. “Esto es algo que podemos revisar.”

Los compromisos climáticos nacionales actuales sitúan al mundo rumbo a un calentamiento de entre tres y cuatro grados centígrados, el doble del objetivo acordado en París. Había esperanzas de que se produjera una declaración política en Katowice que pidiera a los gobiernos un que se comprometieran a asumir una mayor ambición antes del 2020, lo que finalmente no se materializó.

La próxima cita de la gira climática es una cumbre que se celebrarán en Nueva York en septiembre, organizada por Gutierres. El líder de la ONU voló a Katowice tres veces para conseguir que las partes se comprometieran a llegar a esa conferencia con planes climáticos más sólidos. La respuesta, en general, fue de no asumir compromisos.

Aunque los países más vulnerables no quedaron satisfechos con el nivel de ambición mostrado, sí consiguieron arrancar algunas concesiones, incluyendo una mayor predictibilidad de las ayudas financieras y un punto de partida para el reconocimiento de los daños causados por el cambio climático.

Los países, sin embargo, no consiguieron ponerse de acuerdo en todo. El paquete de reglas sobre el comercio internacional de créditos de carbono quedó pospuesto hasta 2019, tras el enfrentamiento entre Brasil y una coalición de países europeos y vulnerables al cambio climático. Brasil buscaba normas más relajadas que supusieran beneficios para su industria de la compensación de carbono, lo que, según la otra postura, ponía en peligro la integridad medioambiental del Acuerdo de París. Ese desacuerdo conllevó que el final de la cumbre se retrasara más de 24 horas, con la presidencia polaca tratando de facilitar un acuerdo sobre cómo avanzar en la negociación.

“Hemos trabajado muy duro para llegar a un compromiso, pero la mejor decisión es posponerlo”, afirmó un miembro del equipo de negociación brasileño.

Los observadores no creen que esas tensiones vayan a relajarse el año que viene. Jair Bolsonaro, el próximo presidente de Brasil, suele favorecer los intereses empresariales sobre la protección medioambiental.

El miedo a que la indiferencia de los Estados Unidos pudiera convertirse en hostilidad resultó ser, en su mayor parte, infundado. Múltiples fuentes afirmaron que el Departamento de Estado del país norteamericano tuvo un papel constructivo en las negociaciones. Wells Griffith, consejero de la Casa Blanca, presidió un evento en favor de los combustibles fósiles, que fue apoyado por la delegación australiana, pero que tuvo lugar fuera de la conferencia. Dentro de la cumbre, la Casa Blanca eligió colaborar en lugar de confrontar. Junto a China, Estados Unidos lideró la redacción de las reglas sobre transparencia, un aspecto central de la normativa.

El compromiso alcanzado diplomáticamente entre las dos mayores potencias también difuminó aún más el sistema de dos velocidades que ha gobernado la política climática desde el principio de lo 90. La separación entre países desarrollados y en desarrollo fue sustituida por una normativa común que tendrá flexibilidad en casos de necesidad.

Este artículo se publicó originalmente en Climate Home News. Traducido por Santiago Sáez.

aportacion la marea

Karl Mathiesen, Megan Darby Y Sara Stefanini

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Una respuesta a “COP24: La Cumbre del Clima cierra sobre la bocina una normativa básica para el Acuerdo de París”

  1. Cuarenta años dando la espalda al medioambiente.
    La Constitución española antepone el crecimiento económico a la protección de los bienes naturales imprescindibles para la supervivencia, que son cada vez más escasos. Para Ecologistas en Acción “resulta inaudito que la actual Constitución española, al igual que muchas otras, no mencionen apenas la naturaleza ni los elementos clave de la vida como el agua, la energía, la atmósfera o los ecosistemas”.

    En el proceso actual de reflexión en torno a la reforma constitucional, la organización ecologista afirma que es urgente e imprescindible incorporar la sostenibilidad ecológica como uno de sus ejes centrales y con la máxima jerarquía normativa. Sin sostenibilidad ecológica, la imprescindible justicia social se queda sin el sustrato natural que hace posible la vida.
    cologistas en Acción ha elaborado una serie de propuestas para que la Constitución sea actualizada ecológicamente:

    1. Ha de explicitar y defender la sostenibilidad ecológica y social como un objetivo colectivo central y ha de ser un eje vertebrador de la Constitución.

    2. La sostenibilidad ecológica y social ha de tener un rango de máxima jerarquía.

    3. Cuando existan incompatibilidades entre desarrollo económico y sostenibilidad ecológica ha de ponerse esta segunda por delante, ya que si no hay sostenibilidad ecológica finalmente no la habrá económica.

    4. Ha de proteger la propiedad colectiva y el bien común.

    5. Ha de reinterpretar el concepto de seguridad incorporando la seguridad ecológica y de cuidados.

    6. Ha de incluir el análisis de la economía ecológica en las propuestas económicas, reconociendo los límites de los recursos y la dependencia de las sociedades y sus economías de la base material de la vida.

    7. Ha de proteger la sostenibilidad local y global en los tratados internacionales.

    8. Ha de tomar un papel proactivo en la lucha contra el cambio climático, la transición energética, la defensa de la biodiversidad y la prohibición y limitación de residuos peligrosos.

    9. Ha de defender la propiedad colectiva de los bienes ecológicos claves para la sostenibilidad.

    10. Ha de defender el principio de precaución en la extracción, producción y emisión de residuos cuando las consecuencias son inciertas, complejas o poco estudiadas.

    11. Debe desarrollar medidas en torno a: la soberanía alimentaria y la agroecología, el equilibrio ecológico, la movilidad sostenible (y limitación de la insostenible), la conservación de las aguas, el aire y los suelos, la prohibición de armas químicas, la limitación y prohibición de los depósitos de residuos nucleares, el desarrollo energías alternativas y renovables, la protección de los recursos genéticos y microorganismos, la restauración de la biodiversidad en riesgo de extinción, las especies animales protegidas, la prohibición de incluir recursos naturales en el mercado de valores, el desarrollo de tecnologías sostenibles, el derecho a la información ambiental, el fomento de la investigación en sostenibilidad, el desarrollo de la educación para la sostenibilidad.

    12. En un contexto de escasez de recursos ha de poner algún tipo de freno a la acumulación privada de bienes naturales.

    13. Ha de defender la participación de la población en la gestión ambiental y la defensa de la naturaleza.

    Una Constitución no cambia en sí misma la realidad, pero permite la transición a una sostenibilidad cada vez más urgente y necesaria, dando respaldo a los cambios, limitando el rumbo insostenible y ayudando a cambiar la percepción de la realidad. Para Ecologistas en Acción no tenemos muchas más oportunidades y es el momento de actuar.

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